Presentación seminario Capitalismo neoliberal y democracia sobrante

María José Fariñas

Tras la excepcional inauguración del Seminario, que este año hemos tenido de la mano y voz de la ex Presidenta Dilma Rousseff, vamos a abrir ahora la primera mesa de debate.

Pero antes, quiero hacer, para los que no nos han acompañado en años anteriores, una Presentación de los Seminarios Internacionales que, en el marco del Máster en DDHH, Interculturalidad y Desarrollo, venimos organizando en los últimos años desde la UPO, la UNIA y el Instituto Joaquín Herrera Flores.

Se trata de unos Seminarios organizados en torno a la Teoría Crítica de los DDHH, que pretenden –parafraseando a Marx- “sacar a la luz las luchas y deseos de una época”, planteándonos, por lo tanto, la función que los DDHH tienen en mundo actual. El Lait Motiv de estos Seminarios ha sido y sigue siéndolo, debatir sobre los contextos sociales, políticos y económicos en los que se desarrollan los DDHH.

La metodología seguida hasta ahora es la de la “provocación”, por eso todos los debates de estos Seminarios comienzan con una pregunta provocadora. Se trata, con ello, de alentar, de incentivar el debate crítico y plural, a la vez que desmitificar o desenmascarar las “narrativas oficiales”, que ocultan o tergiversan la realidad que, por otra parte, siempre es bifronte y compleja.

En este año y en esta primera mesa de debate, hemos lanzado la siguiente pregunta o provocación: ¿Están siendo los Derechos garantes de la Democracia?

El comienzo del siglo XXI nos sorprendió a todos con dos hechos irrefutables:

  1. La expansión de un nuevo proceso histórico, denominado Globalización, caracterizado por una ola masiva de privatizaciones de empresas y servicios públicos, por la desregulación y supresión de mecanismos legales de control especialmente en el ámbito financiero, y laboral, pero también de tierras, bienes y recursos públicos, por la aparición de nuevos sistemas jurídicos de carácter privado (soft law) que compiten con los tradicionales derechos estatales y con el derecho internacional clásico, a la vez, que los condicionan o modifican en favor de sus intereses privados y en contra de los intereses generales.
  2. La aparición en escena de un nuevo tipo de terrorismo, el yihadismo global, que incorpora un nuevo discurso ideológico, no sólo religioso o político, resumido en la idea de la construcción de una “comunidad islámica global” (Umma). Y, correlativamente, la respuesta militarizada y mesiánica de los países liberales occidentales, que han convertido a este tipo de terrorismo en un nuevo “actor social”.

Ambos hechos están quebrando algunos de los consensos básicos de la Modernidad. Fundamentalmente, el equilibrio societario entre libertad e igualdad, por una parte, y el equilibrio entre libertad y seguridad por otra. Además, han puesto en marcha una progresiva regresión de derechos sociales y de libertades públicas. Y todo ello, está planteando un jaque mate a la democracia y al derecho moderno como instrumento de emancipación.

Porque, la democracia –como decía Castoriadis- es un proceso de inclusión de todos. Y no debemos olvidar que la inclusión de todos sólo se consigue con la progresiva adquisición de derechos para todos, especialmente derechos de emancipación social. Porque, lo único con lo que cuentan los que no tienen poder son las instituciones políticas democráticas y los derechos a ellas vinculados. Mientras existan márgenes de exclusión, la democratización de la sociedad estará incompleta.

El mundo está cambiando mucho en esas últimas décadas. Geopolítcamente y muerta la era bipolar, el sueño americano de un mundo unipolar –definido por Fukuyama en su libro el Fin de la Historia– fue efímero. Estamos ahora en lo que Richard Haas denomina la “era de la no-polaridad”, con un mundo no-polar, es decir, sin polos de dominación claros, con nuevos actores sociales con capacidad de actuación, y con un nuevo tipo de pluralismo jurídico de carácter mercantil y privado, surgido por la acción de las grandes corporaciones globales, y un capitalismo autoritario y de “valores asiáticos”, sin derechos, libertades, ni democracia. Todo ello ha dado al traste con el maridaje feliz que prometía Francis Fukuyama entre capitalismo y democracia.

Asistimos a la emergencia de una especie de “derechos globales” sin Estado y, por lo tanto, sin ciudadanos (entendidos como sujetos morales con derechos y obligaciones…). Unos sistemas jurídicos privados que se ponen a disposición de las empresas transnacionales, ocupándose menos del respeto a la ley estatal, que de costes de sumisión y costes de transacción. Se basan en complejas redes de acuerdos formales e informales a escala mundial (una especie de soft law), estableciendo sus propias reglas, sus procedimientos de resolución de conflictos y sus criterios de legitimación, que les permiten competir jurídicamente entre sí. Esto está generando en la población una cierta cultura de la ilegalidad, al percibir que los derechos nacionales de los Estados y los derechos fundamentales de los ciudadanos pueden ser manipulados y vulnerados impunemente, instalándose también en la ciudadanía una cultura del “todo vale” con la finalidad de conseguir la mayor concentración de beneficio y de capital.

Como decía, los consensos básicos de la Modernidad se están quebrando. Primero se quebró la igualdad, la solidaridad pública y los derechos sociales y de emancipación en favor de la libertad y de una mal entendida liberalización del mundo. Ni el mercado, ni la sociedad son más libres ahora, todo lo contrario. Después se quebró también la libertad en favor de la seguridad física de los individuos, con la consiguiente militarización de los conflictos sociales y la criminalización del disenso político, para justificar las políticas autoritarias de seguridad nacional.

El resultado es una conjunción entre la Austeridad Económica y el Autoritarismo Político, que no tiene un carácter simplemente coyuntural. A mi juicio, es el peor escenario posible para la democracia y para los derechos. La combinación entre la globalización neoliberal y el neoconservadurismo político está planteando un jaque mate a las democracias modernas occidentales.

¿Habrá futuro para la democracia? Yo creo que sí, porque el presente es de batalla, es de lucha democrática. Es preciso construir hegemonía democrática frente a la hegemonía neoliberal de los monopolios globales y frente a las regresiones fundamentalistas y neoconservadoras.

Es en este contexto, en el que hemos planteado la pregunta/provocación para nuestra primera mesa de debate: ¿Están siendo los Derechos garantes de la Democracia?

Contamos con la palabra y la visión crítica de importantes juristas, a los que agradecemos su presencia en Sevilla y su contribución impagable a nuestro Máster en DDHH, Interculturalidad y Desarrollo. Voy a presentarles por orden:

  1. Presidente de la Corte Interamericana de DDHH, don Roberto Caldas.
  2. Ex Ministro de Justicia de la República de Brasil, don José Eduardo Cardozo.
  3. Juez y ex magistrado de la Audiencia Nacional de España, don Baltasar Garzón.
  4. Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona y Primer Teniente de Alcalde de la Ciudad de Barcelona, don Gerando Pisarello.

A todos, de nuevo, las gracias.

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